El mismo grupo de artistas reunidos para el 2005, fue convocado para una reedición del espectáculo, y con un agregado: las artes visuales. Una pantalla gigante acompañó las escenas siendo un importante soporte para la historia danzada así como para las secciones puramente instrumentales. Fotografías y dibujos transportaron al espectador a la particular atmósfera de Buenos Aires, anonimato masivo de seres que laten bajo un mismo ritmo: el tango.
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